Nos encontramos transitando el último bimestre del 2009, un año muy particular, que arrancó con muchas dudas debido a la incertidumbre de cómo afectaría la crisis económica internacional sobre la economía doméstica. A esta altura podemos decir, sin temor a equivocarnos, que los daños se mantuvieron en niveles tolerables.
Influyó, para ello, que se hiciera una correcta lectura de la situación económica del país. No dependíamos tanto de los vaivenes internacionales y teníamos mayor resto que en la última gran crisis del 2002, por ello, pudimos sortear sin tantas dificultades un año "neutro" o con caídas de actividad moderadas.
Lo más grave, y en lo que deberemos trabajar arduamente para cambiar, es el aumento del desempleo y la pobreza, cuyos valores son mayores a los difundidos por las cifras oficiales, y que se refleja en las largas colas que se forman diariamente en los organismos oficiales para obtener los subsidios que prometió la presidenta hace pocos días. También disminuyó este año el poder adquisitivo de la gente, pero veníamos de años de fuerte crecimiento económico, por lo que la reducción de actividad se produjo desde un punto más alto que en el 2002, cuando arrastrábamos años de estancamiento.
El sector de la construcción también supo de tiempos mejores. El año comenzó con una leve caída en la actividad, manteniendo los emprendimientos que se encontraban en marcha y mostrando mayor pesadez en los nuevos. Recién durante el último trimestre se vislumbró una mayor preocupación y oferta de mano de obra de contratistas a los que se les discontinuó el flujo laboral.
Son tiempos en los que será necesaria una gran reflexión y madurez por parte de nuestros gobernantes, quienes deberán sentar las bases para aprovechar los nuevos tiempos y así permitir el crecimiento del empleo que tanto necesitamos. La nueva composición legislativa deberá estar, a su vez, a la altura de los acontecimientos, permitiendo que se lleven adelante las iniciativas en tal sentido, sin importar del color político del que provengan, corrigiéndolas si se privilegia el bienestar personal en desmedro del bien común.
Nos encontramos en la antesala de un buen 2010. Esperemos que seamos lo suficientemente inteligentes para aprovecharlo.