Decir San Petesburgo es, un poco, meterse a través del imaginario colectivo, en un mundo casi ajeno, aquel que Winston Churchill ubicó “detrás de una cortina de hierro” y una ciudad que fue sitiada por los nazis cuando todavía se llamaba Leningrado. Ahora, se han encargado de generar un pequeño revuelo arquitectónico mediante el concurso internacional organizado por la empresa de gas Gazprom y con el visto bueno de una mujer, Valentina Matvienko, gobernadora del lugar, para edificar un complejo arquitectónico dominado por un rascacielos de 320 metros junto al río Neva. El mismo albergará diversas dependencias del monopolio estatal del gas, haciendo caso omiso de múltiples y cualificadas protestas y de las normas urbanísticas vigentes en San Petersburgo que prohiben semejante obra.
El proyecto, bautizado “Gazprom City”, pretende ser símbolo de un San Petersburgo convertido en la “capital de la energía” de Rusia, y correrá a cargo del estudio RMJM London Limited, elegido entre seis participantes internacionales de un concurso restringido. Gazprom City supondrá una ruptura radical con la formas, alturas y proporciones que ha caracterizado a esta ciudad fundada en 1703 por Pedro I.
Las normas urbanísticas vigentes en el centro histórico de San Petersburgo prevén una altura máxima de 42 metros. De allí que el proyecto sea considerado una “bofetada a todos los ciudadanos”, según el historiador Daniel Kotsiubinsky. La gobernadora trató de tranquilizar a la opinión pública afirmando que solo constituye una idea que habrá que elaborar.
Para los directivos de Gazprom es algo más que un concurso. “Se trata, dicen, de un nuevo símbolo económico. La ciudad debe aspirar al título de capital de la energía del país”. Mientras el jurado anunciaba al proyecto ganador, un grupo de manifestantes exhibían pancartas con las leyendas: “Una torre para cada idiota”, “un rascacielos para cada imbécil”.
En contra de Gazprom City se han manifestado la Sociedad de Conservación de los Monumentos de la Historia y la Cultura, el Colegio de Arquitectos de San Petersburgo, el director del museo Ermitage, Mijaíl Piotrovski, y el escritor Daniel Granin, entre otros.
Piotrovski ha considerado que el centro de San Petersburgo, bajo protección de la UNESCO, debe ser intocable, y propuso que se destine una zona aparte para Gazprom City. La forma del edificio ganador conforma una torre de vidrio de planta pentagonal, la cual cambia de color a medida que es contorneada por el sol, imitando la llama que constituye el logotipo de Gazprom. Tendrá una superficie de 300.000 metros cuadrados, se construirá para 2012 y costará cerca de 1.800 millones de euros.
Otro componente singular del tema es que Gazprom ha basado gran parte del fallo en una votación de la que participaron 10.633 personas, visitantes de una exposición pública realizada durante noviembre. El 24,6% de los asistentes votó por el proyecto ganador, un 23,4% por el de Daniel Libeskind, mientras Jean Nouvel consiguió el 15,7% de los votos.